PRENSA Y OPINIÓN
OPINIÓN
Destinos diferentes: História Común
Por:
Abdelhamid Beyuki (Representante del ECRI por España)
Una situación contigua y separada por un brazo del mar mediterráneo ha propiciado entre Marruecos y España relaciones de toda índole y en todas las épocas.
El estado de vecindad impuesto por la propia geografía, hizo inevitable las relaciones entre los pobladores del norte de Africa y la Península ibérica.
Ha habido encuentros y desencuentros, amores y desamores, rivalidades, rencores, venganzas, etc. Ha habido y hay una historia compartida y unas relaciones tanto intensas como extensas. Una historia de dos inseparables que alternan coincidencia o armonía con oposición; complementariedad con dominio. Difieren las relaciones según épocas y momentos y muy pocas veces se han desarrollado con sintonía. Cabe advertir como muy oportunamente afirma María Jesús Viguera que" el proceso de estos aspectos de la relación entre ambas orillas tiene una marcada entidad histórica propia, de estricta y esencial bipolaridad, aunque tal entidad est{e más o menos conectada con los demás ámbitos mundiales, y sobretodo con los adyacentes del Mediterráneo y del Atlántico, y de sus respectivos continentes africano y europeo".
Esta histórica relación se ha manifestado también en un constante trasvase de poblaciones entre ambas orillas que protagonizaron numerosas e intensas relaciones humanas con todas sus expresiones políticas que se plasmaron en conflictos, pero también de colaboración y de intercambio comercial, económico y cultural. Todo ello con variadas repercusiones sociales.
A partir del siglo X- sobretodo- este trasiego de gentes entre las dos riberas acaba marcando una nueva personalidad compuesta por elementos mixtos y variados que es el Andalusí, contrastada tanto con la afro- magrebí como con la ibero-europea.
Varias culturas y varias religiones con formaron una identidad común entre la Península ibérica y el norte de Africa. Arabes, bereberes, europeos, cristianos, musulmanes, judíos y africanos. Todos ellos fueron elementos de la creación de una entidad distinta, diferente y compleja tejiendo una historia común y compartida entre ambas riveras.
El año 1492 pone fin a la mítica convivencia que había caracterizado hasta entones a la Península ibérica: musulmanes y judíos se dispersan principalmente en el norte de Africa. Otros "conversos" toman otros destinos, el más cercano Navarra y Portugal.
Desde entonces empieza una nueva era marcada sobretodo por el descubrimiento de América y las cruzadas contra el Islam -el imperio otomano-. Comienza una hostilidad permanente marcada por el nacimiento de dos bloques enfrentados: cristiano- europeo y musulmán afroasiático.
Esta nueva situación no puso fin -desde luego- al trasvase humano entre ambos mundos y ambas orillas y varias fueron las causas que originaban las corrientes migratorias entre ambas riberas, y hasta mediados de este siglo fueron más corrientes migratorias europeas hacia el Magreb que a la inversa.
A partir de los años 50 y 60 cuando las corrientes migratorias cambian de origen y destino entre ambas orillas tanto como cambian las causas y motivos de lo que hoy llamamos migración.
Ente tanto otros capítulos de esta relación se desarrolló en forma de protectorado e intervención militar de España en Marruecos y que por su parte dejó unas huellas importantes y muy marcadas en la relación entre ambos pueblos.
Una larga e interminable historia humana de amor y odio, de errores, horrores y aciertos; una larga historia de acontecimientos, grandes obras y grandes batallas. Una larga historia no del todo conocida y escrita, y cuyas huellas permanecen en los lugares, caras, rasgos y costumbres de la gente de ambas orillas.
Los historiadores nos transmiten acontecimientos de una historia fría, mal o bien escrita, pero difícil resulta recuperar la historia social del vivir diario de aquellos tiempos.
Esta introducción histórica demasiado resumida para las relaciones entre ambas orillas y varias culturas, me parece insuficiente para entender la compleja- y me atrevo a decir- entidad- tan compartida como separada no solo por un río de mar llamado Estrecho de (la montaña de Tarik) Gibraltar, sino también por esta larga relación "humana".
La historia nos puede esclarecer la veracidad de los acontecimientos. Nos puede relatar estos acontecimientos, unos más que otros, pero no puede descalificar el ser humano que hoy tenemos como fruto de esta historia común, con su pro y sus contra, desde luego.
Culturas, entidades e identidades, rasgos comunes y un sin fin de componentes sociales y también genéticos subyacen en el interior del hombre que hoy habita en una orilla y en otra. Pero nos falta por redefinir esto que hoy llamamos culturas y que algunos predicamos su convivencia.
En medio de este cruce cultural, histórico, social y político -en definitiva- humano, me parece lógico el desarrollo de identidades tantolas que son parecidas como distintas entre las que se encuentra el emigrante.
El emigrante se encuentra dividido y a caballo entre dos orillas comunicadas físicamente: por vía terrestre y por ferry, así como entre dos culturas- sino son más. Si esto fuera así estaríamos hablando de la cultura como seña de identidad y por tanto es inevitable el debate sobre lo que entendemos de cultura o de identidad.
Algunos predican el choque cultural, la amenaza de las culturas orientales africanas ó árabes; otros dan relevancia al componente religioso de las culturas y especialmente en el caso de marroquíes o norte africanos musulmanes.
Es un debate tan serio y profundo como simple y superficial que encuentra, la mayoría de las veces en los medios de comunicación y en algunos intelectuales un trato simplista y superficial, sino de morbo.
La cultura, -en este caso la musulmana-, que aportan los inmigrantes y que sobre inmigración arrastra los medios de comunicación, es en donde repercuten la mayoría de las veces aspectos culturales y religiosos con los que se pretende justificar acontecimientos o hechos singulares.
El morbo y el misterio son otros factores que muchas veces condicionan las noticias relacionadas con otros países, otras culturas o los inmigrantes procedentes de las mismas.
Así nos encontramos muchas veces con tópicos y prejuicios basados sobre información falsa y el estereotipo ya creado sobre una cultura en concreto.
De nuestra parte es fácil reaccionar con enfado con otros prejuicios y con una radical cerrazón hacia dentro creando barreras y estereotipos del otro/autóctono, del mismo entorno mayoritario.
Enseguida nos refugiamos en el grupo, se crea un gueto no ubicado físicamente en la misma zona geográfica (barrio o municipio), pero sí ubicado en el mismo espacio aunque disperso y conectado por otras formas de vinculación y comunicación. Creamos nuestros propios códigos y caemos sin duda en el aislamiento, tanto en el rechazo como en el autorechazo.
La mezquita se transforma más en un lugar de encuentro, unión y protección que de culto.
Me sorprende a veces la pregunta de ciertos investigadores u observadores sobre el por qué del crecimiento de la religiosidad e incluso del fanatismo entre inmigrantes y sobretodo segundas generaciones, a pesar de vivir y recibir una educación distinta: occidental, "tolerante y democrática".
Un momento y ante dicha situación nos olvidamos de que nuestra identidad se conforma con varias y múltiples pertenencias. Entre ellas podemos encontrar tanto la religión como costumbres adquiridas en el lugar de residencia, ya sea occidente cristiano u oriental budista.
¿Por qué entonces el aferramiento a una pertenencia y considerarle como identidad? Los grupos, las minorías. Los otros nuevos incorporados a una sociedad- en el caso de los emigrantes- tendemos a reconocernos precisamente en la pertenencia que es más atacada, disimulándola u ocultándola, pero asumida u oculta, es con ella con la que "inconscientemente" nos identificamos. En este caso estamos ante un ataque a la pertenencia religiosa, el Islam y entonces es lo que hace más musulmanes, más practicantes a los emigrantes ya sean de primera o segunda generación.
En realidad la identificación la realiza el atacante más que el atacado. De hecho el marroquí no tiene la misma percepción de la identidad religiosa- musulmana estando en Marruecos que estando en España.
El marroquí no tiene necesidad de defenderse como musulmán en Marruecos, pero sí como norteño frente al sureño ó como beréber frente al árabe, otras pertenencias, son las que flotan y se transforman entonces como identidad. Incluso a veces aparece una identidad singular en el país de origen y es la del emigrante de vuelta a su país, cuando es percibido como influido por otros y entonces empieza a sentirse atacado en su nueva pertenencia adquirida- en este caso España. Entonces es cuando reacciona afirmándose en la misma, al serle aplicado el apodo de español en el barrio de su infancia.
En un mes de vacaciones, aveces se transforma el emigrante marroquí, estando en Marruecos, en un acérrimo defensor de tantas cosas buenas que hay en España. Inconscientemente compara todo lo que de bien hay en España. De repente es demócrata, tolerante, moderno, ordenado, sin que ello signifique renegar de sus demás pertenencias.
Son los ataque y a veces heridas las que determinan en cada fase de la vida, la actitud de los seres humanos con respecto a sus pertenencias y a la jerarquía de éstas. Dice Amin Maalouf . " Cuando alguien ha sido víctima de humillación ó burla por ser musulmán reacciona asumiendo el Islam como identidad y es humillado, en Marruecos, por su acento español al ser hijo de inmigrantes, reacciona defendiendo su nueva identidad. Afirmar como identidad una pertenencia de las muchas que forman la identidad de uno, que es en muchas veces un acto de valor y de dignidad.
Antaño otros que formaron una identidad propia, distinta y compuesta por varias pertenencias de aquella época fueron los Andalusíes.
Entonces se defendieron como musulmanes al ser atacados como tales y así fueron expulsados "a berbería", atierras del Islam dondetuvieron que defenderse paradójicamente de los autóctonos musulmanes por ser andalusíes impuros e influidos por el cristianismo.
La historia de los refugiados andalusíes en Tetúan, Chefchaouen y Fez revela dramáticamente esta parte de la historia humana entre ambas orillas.
Al llegar al norte de Africa, los moriscos se insertaron sobretodo al principio, como una categoría social de origen foráneo, precisamente este hecho les lleva a unirse principalmente con los europeos islamizados o "renegados" y así como los judíos se mantuvieron como grupo aparte de la sociedad musulmana y como grupo específico de origen extranjero y cultura europea.
No tardaron en recibir ataques y agresivos tanto físicos como verbales por parte de los autóctonos y no tardó en aflorar la parte más atacada de su identidad, haciéndose más fuertes en algunas ciudades y sirviéndose del papel que empezaron a jugar en los equilibrios del poder central. Se aferraron a su condición de Andalusíes haciendo gala de la misma y diferenciándose del resto de los musulmanes en Marruecos.
Esa pertenencia Al Andalus y no a la religión musulmana invadió entonces la entidad entera. Los que la compartían (moriscos, sefardíes...), se sintieron solidarios, se agruparon y crearon sus propias ciudades, se movilizaron y se dieron ánimos entre sí. Para ellos "afirmar su identidad morisca" pasa a ser inevitablemente un acto de valor, un acto liberador.
La paradoja de nuevo es que sus propios nietos junto con otros que comparten con ellos la religión se unen por la religión musulmana y hacen un frente común para manifestarse y defenderse y eligen para ello parte de sus pertenencias como identidad que reclaman y jalean frente al otro.
Es obvio que la historia no sigue nunca el camino que se traza. No porque sea por naturaleza errática, ni porque escape a la razón humana, sino porque precisamente es lo que los hombres hacen de ella. Porque es la suma de todos sus actos individuales o colectivos.
Lo que hoy continúa actuando en ambas orillas y ambos continentes son sus voces. Las voces de los hombres, sus intercambios, sus enfrentamientos (conflictos diplomáticos y sociales), sus odios y sus afinidades.
La historia seguirá siendo obra de los hombres y el futuro en esta parte del mundo será de nuestras esperanzas, si los hombres consiguieran liberarnos de nuestros prejuicios, tópicos y odios. Y será de pesadillas si proseguimos con este afán de justificar nuestros errores buscando la culpabilidad del otro, teorizando- algunos- sobre un supuesto choque de culturas o lo que es igual, a religiones para una inmensa mayoría de influidos por el mensaje alarmista que avisa de un supuesto ataque al mundo occidental "civilizado" y cristiano.
Mientras tanto en una orilla siempre habrá moros en la costa y en la otra siempre habrá cristianos en la costa. Y eliminando ambas costas habrá entonces solo tierra a la vista. Quiero decir, que cuando más diferentes y distintos son los actores de la historia y cuando más libres somos, menos absurdos y costeros seremos en nuestras actitudes.
Los que están al timón no pueden siempre decidir de dónde sopla el viento, ni con qué fuerza, pero sí pueden orientar la vela, dice Amin Maalouf en "Identidades asesinas".